CAPÍTULO 12 La Tentación *"Y JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado porel Espíritu al desierto." Las palabras de Marcos son aun más significativas. El dice: "Y luego el Espíritu le impele al desierto. Yestuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás; yestaba con las fieras." "Y no comió cosa en aquellos días."Cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado, fue llevado porel Espíritu de Dios. El no invitó a la tentación. Fue al desierto paraestar solo, para contemplar su misión y su obra. Por el ayuno y laoración, debía fortalecerse para andar en la senda manchada de sangreque iba a recorrer. Pero Satanás sabía que el Salvador había ido aldesierto, y pensó que ésa era la mejor ocasión para atacarle.
Grandes eran para el mundo los resultados que estaban en juego en elconflicto entre el Príncipe de la Luz y el caudillo del reino de lastinieblas. Después de inducir al hombre a pecar, Satanás reclamó latierra como suya, y se llamó príncipe de este mundo. Habiendo hecho conformar a su propia naturaleza al padre y a la madre de nuestraespecie, pensó establecer aquí su imperio. Declaró que el hombre lehabía elegido como soberano suyo. Mediante su dominio de los hombres,dominaba el mundo. Cristo había venido para desmentir la pretensión deSatanás. Como Hijo del hombre, Cristo iba a permanecer leal a Dios. Así se demostraría que Satanás no había obtenido completo dominio de laespecie humana, y que su pretensión al reino del mundo era falsa. Todos los que deseasen liberación de su poder, podrían ser librados. El dominio que Adán había perdido por causa del pecado, sería recuperado.Desde el anuncio hecho a la serpiente en el Edén: "Y enemistad pondréentre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya,'* Satanás sabía que no ejercía dominio absoluto 90 sobre el mundo. Veía en loshombres la obra de un poder que resistía a su autoridad. Con intensointerés,consideró los sacrificios ofrecidos por Adán y sus hijos. En estaceremonia discernía el símbolo de la comunión entre la tierra y elcielo. Se dedicó a interceptar esta comunión. Representó falsamente aDios, así como los ritos que señalaban al Salvador. Los hombres fueroninducidos a temer a Dios como a un ser que se deleitaba en ladestrucción. Los sacrificios que debían revelar su amor, eran ofrecidosúnicamente para apaciguar su ira. Satanás excitaba las malas pasiones delos hombres a fin de asegurar su dominio sobre ellos. Cuando fue dada la palabra escrita de Dios, Satanás estudió las profecías del advenimiento del Salvador. De generación en generación, trabajó para cegar a la gente acerca de esas profecías, a fin de que rechazase a Cristo en ocasión desu venida. Al nacer Jesús, Satanás supo que había venido un Ser comisionado divinamente para disputarle su dominio. Tembló al oír el mensaje del ángel que atestiguaba la autoridad del Rey recién nacido. Satanásconocía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo comoamado del Padre. El hecho de que el Hijo de Dios viniese a esta tierracomo hombre le llenaba de asombro y aprensión. No podía sondear elmisterio de este gran sacrificio. Su alma egoísta no podía comprendertal amor por la familia engañada. La gloria y la paz del cielo y el gozode la comunión con Dios, eran débilmente comprendidos por los hombres;pero eran bien conocidos para Lucifer, el querubín cubridor. Puesto quehabía perdido el cielo, estaba resuelto a vengarse haciendo participar aotros de su caída. Esto lo lograría induciéndolos a menospreciar lascosas celestiales, y poner sus afectos en las terrenales.No sin obstáculos iba el Generalísimo del cielo a ganar las almas de loshombres para su reino. Desde su infancia en Belén, fue continuamenteasaltado por el maligno. La imagen de Dios se manifestaba en Cristo, y en los concilios de Satanás se había resuelto vencerle. Ningún serhumano había venido al mundo y escapado al poder del engañador. Las fuerzas de la confederación del mal asediaban su senda para entablarguerra con él, y, si era posible, prevalecer contra él.En ocasión del bautismo del Salvador, Satanás se hallaba 91 entre lostestigos. Vio la gloria del Padre que descansaba sobre su Hijo. Oyó la voz de Jehová atestiguar la divinidad de Jesús. Desde el pecado de Adán,la especie humana había estado privada de la comunión directa con Dios;el trato entre el cielo y la tierra se había realizado por medio deCristo; pero ahora que Jesús había venido "en semejanza de carne de pecado," el Padre mismo habló. Antes se había comunicado con lahumanidad por medio de Cristo; ahora se comunicaba con la humanidad en Cristo. Satanás había esperado que el aborrecimiento que Dios sientehacia el mal produjera una eterna separación entre el cielo y la tierra.Pero ahora era evidente que la relación entre Dios y el hombre habíasido restaurada.Satanás vio que debía vencer o ser vencido. Los resultados del conflicto significaban demasiado para ser confiados a sus ángeles confederados.Debía dirigir personalmente la guerra. Todas las energías de la apostasía se unieron contra el Hijo de Dios. Cristo fue hecho el blanco de toda arma del infierno.Muchos consideran este conflicto entre Cristo y Satanás como si no tuviese importancia para su propia vida; y para ellos tiene poco interés. Pero esta controversia se repite en el dominio de todo corazón humano. Nunca sale uno de las filas del mal para entrar en el servicio de Dios, sin arrostrar los asaltos de Satanás. Las seducciones queCristo resistió son las mismas que nosotros encontramos tan difíciles deresistir. Le fueron infligidas en un grado tanto mayor cuanto más elevado es su carácter que el nuestro. Llevando sobre sí el terrible peso de los pecados del mundo, Cristo resistió la prueba del apetito,del amor al mundo, y del amor a la ostentación que conduce a la presunción. Estas fueron las tentaciones que vencieron a Adán y Eva, y que tan fácilmente nos vencen a nosotros.Satanás había señalado el pecado de Adán como prueba de que la ley deDios era injusta, y que no podía ser acatada. En nuestra humanidad,Cristo había de resarcir el fracaso de Adán. Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo. Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comunión diaria con los seres celestiales. No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para 92 lucharcon Satanás. Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada. Únicamente así podíarescatar al hombre de las profundidades de su degradación.Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por latentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición deAdán; no podría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si enalgún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro queel que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestroSalvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de lanaturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación. Notenemos que soportar nada que él no haya soportado.Para Cristo, como para la santa pareja del Edén, el apetito fue la basede la primera gran tentación. Precisamente donde empezó la ruina, debeempezar la obra de nuestra redención. Así como por haber complacido elapetito Adán cayó, por sobreponerse al apetito Cristo debía vencer. "Yhabiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Yllegándose a él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estaspiedras se hagan pan. Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No consólo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la bocade Dios."Desde el tiempo de Adán hasta el de Cristo, la complacencia de losdeseos propios había aumentado el poder de los apetitos y pasiones,hasta que tenían un dominio casi ilimitado. Así los hombres se habíandegradado y degenerado, y por sí mismos no podían vencer. Cristo vencióen favor del hombre, soportando la prueba más severa. Por nuestra causa,ejerció un dominio propio más fuerte que el hambre o la misma muerte. Yesta primera victoria entrañaba otros resultados, de los cualesparticipan todos nuestros conflictos con las potestades de lastinieblas.Cuando Jesús entró en el desierto, fue rodeado por la gloria del Padre.Absorto en la comunión con Dios, se sintió elevado por encima de lasdebilidades humanas. Pero la gloria se apartó de él, y quedó solo para luchar con la tentación. Esta le apremiaba en todo momento. Su naturaleza humana rehuía el conflicto que le aguardaba. Durantecuarenta días ayunó y oró. Débil y demacrado por el hambre, macilento yagotado por la agonía mental, "desfigurado era su aspecto más que el decualquier hombre, y su forma más que la de los hijos de Adán." *Entonces vio Satanás su oportunidad. Pensó que podía vencer a Cristo.Como en contestación a las oraciones del Salvador, se le presentó un serque parecía un ángel del cielo. Aseveró haber sido comisionado por Diospara declarar que el ayuno de Cristo había terminado. Así como Dioshabía enviado un ángel para detener la mano de Abrahán a fin de que nosacrificase a Isaac, así también, satisfecho con la buena disposición deCristo para entrar por la senda manchada de sangre, el Padre habíaenviado un ángel para librarlo. Tal era el mensaje traído a Jesús. ElSalvador se hallaba debilitado por el hambre, y deseaba con vehemenciaalimentos cuando Satanás se le apareció repentinamente. Señalando laspiedras que estaban esparcidas por el desierto, y que tenían laapariencia de panes, el tentador dijo: "Si eres Hijo de Dios, di queestas piedras se hagan pan."Aunque se presentó como ángel de luz delataban su carácter estasprimeras palabras: "Si eres Hijo de Dios." En ellas se insinuaba la desconfianza. Si Jesús hubiese hecho lo que Satanás sugería, habríaaceptado la duda. El tentador se proponía derrotar a Cristo de la mismamanera en que había tenido tanto éxito con la especie humana en elprincipio. ¡Cuán arteramente se había acercado Satanás a Eva en el Edén!"¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?"* Hastaahí las palabras del tentador eran verdad; pero en su manera deexpresarlas, se disfrazaba el desprecio por las palabras de Dios. Había una negativa encubierta, una duda de la veracidad divina. Satanás tratóde insinuar a Eva el pensamiento de que Dios no haría lo que habíadicho, que el privarlos de una fruta tan hermosa contradecía su amor ycompasión por el hombre. Así también el tentador trató de inspirar aCristo sus propios sentimientos: "Si eres el Hijo de Dios." Las palabrasrepercuten con amargura en su mente. En el tono de su voz hay unaexpresión de completa incredulidad. ¿Habría de tratar Dios así a supropio Hijo? ¿Lo dejaría en el desierto con las fieras, sin alimento,sin compañía, sin 94 consuelo? Le insinúa que Dios nunca quiso que suHijo estuviese en tal estado. "Si eres el Hijo de Dios," muéstrame tupoder aliviándote a ti mismo de esta hambre apremiante. Ordena que estaspiedras sean transformadas en pan.Las palabras del Cielo: "Este es mi Hijo amado, en el cual tengocontentamiento," * resonaban todavía en los oídos de Satanás. Pero estaba resuelto a hacer dudar a Cristo de este testimonio. La palabra deDios era para Cristo la garantía de su misión divina. El había venido para vivir como hombre entre los hombres, y esta palabra declaraba su relación con el cielo. Era el propósito de Satanás hacerle dudar de esa palabra. Si la confianza de Cristo en Dios podía ser quebrantada,Satanás sabía que obtendría la victoria en todo el conflicto. Vencería aJesús. Esperaba que bajo el imperio de la desesperación y el hambreextrema, Cristo perdería la fe en su Padre, y obraría un milagro en supropio favor. Si lo hubiera hecho habría malogrado el plan de salvación.Cuando Satanás y el Hijo de Dios se encontraron por primera vez enconflicto, Cristo era el generalísimo de las huestes celestiales; ySatanás, el caudillo de la rebelión del cielo, fue echado fuera. Ahorasu condición está aparentemente invertida, y Satanás se aprovecha de susupuesta ventaja. Uno de los ángeles más poderosos, dijo, ha sidodesterrado del cielo. El aspecto de Jesús indica que él es aquel ángelcaído, abandonado de Dios y de los hombres. Un ser divino podríasostener su pretensión realizando un milagro: "Si eres Hijo de Dios, dique estas piedras se hagan pan." Un acto tal de poder creador, insistíael tentador, sería evidencia concluyente de su divinidad. Pondríatérmino a la controversia.No sin lucha pudo Jesús escuchar en silencio al supremo engañador. Pero el Hijo de Dios no había de probar su divinidad a Satanás, ni explicarla razón de su humillación. Accediendo a las exigencias del rebelde, nopodía ganar nada para beneficio del hombre ni la gloria de Dios. SiCristo hubiese obrado de acuerdo con la sugestión del enemigo, Satanáshabría dicho aún: "Muéstrame una señal para que crea que eres el Hijo deDios." La evidencia habría sido inútil para quebrantar el poder de larebelión en su corazón. Y Cristo no había de ejercer el poder divino para su propio beneficio. Había 95 venido para soportar la prueba comodebemos soportarla nosotros, dejándonos un ejemplo de fe y sumisión. Nien esta ocasión, ni en ninguna otra ulterior en su vida terrenal,realizó él un milagro en favor suyo. Sus obras admirables fueron todashechas para beneficio de otros. Aunque Jesús reconoció a Satanás desdeel principio, no se sintió provocado a entrar en controversia con él.Fortalecido por el recuerdo de la voz del cielo, se apoyó en el amor de su Padre. No quiso parlamentar con la tentación.Jesús hizo frente a Satanás con las palabras de la Escritura. "Escritoestá," dijo. En toda tentación, el arma de su lucha era la Palabra deDios. Satanás exigía de Cristo un milagro como señal de su divinidad.Pero aquello que es mayor que todos los milagros, una firme confianza enun "así dice Jehová," era una señal que no podía ser controvertida.Mientras Cristo se mantuviese en esa posición, el tentador no podríaobtener ventaja alguna.Fue en el tiempo de la mayor debilidad cuando Cristo fue asaltado porlas tentaciones más fieras. Así Satanás pensaba prevalecer. Por estemétodo había obtenido la victoria sobre los hombres. Cuando faltaba lafuerza y la voluntad se debilitaba, y la fe dejaba de reposar en Dios,entonces los que habían luchado valientemente por lo recto durante muchotiempo, eran vencidos. Moisés se hallaba cansado por los cuarenta añosde peregrinaciones de Israel cuando su fe dejó de asirse momentáneamentedel poder infinito. Fracasó en los mismos límites de la tierraprometida. Así también sucedió con Elías, que había permanecido indómitodelante del rey Acab y había hecho frente a toda la nación de Israel,encabezada por los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal. Después deaquel terrible día pasado sobre el Carmelo, cuando se había muerto a losfalsos profetas y el pueblo había declarado su fidelidad a Dios, Elíashuyó para salvar su vida, ante las amenazas de la idólatra Jezabel. Asíse había aprovechado Satanás de la debilidad de la humanidad. Y aun hoysigue obrando de la misma manera. Siempre que una persona esté rodeadade nubes, se halle perpleja por las circunstancias, o afligida por lapobreza y angustia, Satanás está listo para tentarla y molestarla. Atacalos puntos débiles de nuestro carácter. Trata de destruir nuestra 96confianza en Dios porque él permite que exista tal estado de cosas. Nosvemos tentados a desconfiar de Dios y a poner en duda su amor. Muchasveces el tentador viene a nosotros como se presentó a Cristo,desplegando delante de nosotros nuestras debilidades y flaquezas. Esperadesalentar el alma y quebrantar nuestra confianza en Dios. Entonces estáseguro de su presa. Si nosotros le hiciéramos frente como lo hizo Jesús,evitaríamos muchas derrotas. Parlamentando con el enemigo, le damosventajas.Cuando Cristo dijo al tentador: "No con sólo el pan vivirá el hombre,mas con toda palabra que sale de la boca de Dios," repitió las palabrasque más de catorce siglos antes había dicho a Israel: "Acordarte has detodo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta añosen el desierto, . . . y te afligió, e hízote tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido;para hacerte saber que el hombre no vivirá de sólo pan, mas de todo loque sale de la boca de Jehová vivirá el hombre." En el desierto, cuandotodos los medios de sustento se habían agotado, Dios envió a su pueblomaná del cielo, y esto en una provisión suficiente y constante. Dichaprovisión había de enseñarles que mientras confiasen en Dios yanduviesen en sus caminos, él no los abandonaría. El Salvador puso ahoraen práctica la lección que había enseñado a Israel. La palabra de Dioshabía dado socorro a la hueste hebrea, y la misma palabra se lo daríatambién a Jesús. Esperó el tiempo en que Dios había de traerle alivio.Se hallaba en el desierto en obediencia a Dios, y no iba a obteneralimentos siguiendo las sugestiones de Satanás. En presencia deluniverso, atestiguó que es menor calamidad sufrir lo que venga, queapartarse en un ápice de la voluntad de Dios."No con sólo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale dela boca de Dios." Muchas veces el que sigue a Cristo se ve colocado endonde no puede servir a Dios y llevar adelante sus empresas mundanales.Tal vez le parezca que la obediencia a algún claro requerimiento de Diosle privará de sus medios de sostén. Satanás quisiera hacerle creer quedebe sacrificar las convicciones de su conciencia. Pero lo único en quepodemos confiar en este mundo es la Palabra de Dios. 97"Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosasos serán añadidas." * Aun en esta vida, no puede beneficiarnos elapartarnos de la voluntad de nuestro Padre celestial. Cuando aprendamosa conocer el poder de su palabra no seguiremos las sugestiones deSatanás para obtener alimento o salvarnos la vida. Lo único quepreguntaremos será: ¿Cuál es la orden de Dios, y cuál es su promesa?Conociéndolas, obedeceremos la primera y confiaremos en la segunda.En el último gran conflicto de la controversia con Satanás, los que seanleales a Dios se verán privados de todo apoyo terrenal. Porque se niegana violar su ley en obediencia a las potencias terrenales, se lesprohibirá comprar o vender. Finalmente será decretado que se les dé muerte.* Pero al obediente se le hace la promesa: "Habitará en lasalturas: fortalezas de rocas serán su lugar de acogimiento; se le darásu pan, y sus aguas serán ciertas."* Los hijos de Dios vivirán por estapromesa. Serán alimentados cuando la tierra esté asolada por el hambre."No serán avergonzados en el mal tiempo; y en los días de hambre seránhartos.'* El profeta Habacuc previó este tiempo de angustia, y suspalabras expresan la fe de la iglesia: "Aunque la higuera no florecerá,ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y loslabrados no darán mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de lamajada, y no habrá vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré enJehová, y me gozaré en el Dios de mi salud."*De todas las lecciones que se desprenden de la primera gran tentación denuestro Señor, ninguna es más importante que la relacionada con eldominio de los apetitos y pasiones. En todas las edades, las tentacionesatrayentes para la naturaleza física han sido las más eficaces paracorromper y degradar a la humanidad. Mediante la intemperancia, Satanásobra para destruir las facultades mentales y morales que Dios dio alhombre como un don inapreciable. Así viene a ser imposible para loshombres apreciar las cosas de valor eterno. Mediante la complacencia delos sentidos, Satanás trata de borrar del alma todo vestigio de lasemejanza divina.La sensualidad irrefrenada y la enfermedad y degradación consiguientes,que existían en tiempos del primer advenimiento de Cristo, existirán,con intensidad agravada, antes de 98 su segunda venida. Cristo declaraque la condición del mundo será como en los días anteriores al diluvio,y como en tiempos de Sodoma y Gomorra. Todo intento de los pensamientosdel corazón será de continuo el mal. Estamos viviendo en la vísperamisma de ese tiempo pavoroso, y la lección del ayuno del Salvador debegrabarse en nuestro corazón. Únicamente por la indecible angustia quesoportó Cristo podemos estimar el mal que representa el complacer sinfreno los apetitos. Su ejemplo demuestra que nuestra única esperanza devida eterna consiste en sujetar los apetitos y pasiones a la voluntad deDios.En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores denuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentarátentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humanopara aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediantesus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios. Yrecorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor hapreparado el camino para que venzamos. No es su voluntad que seamospuestos en desventaja en el conflicto con Satanás. No quiere que nosintimiden ni desalienten los asaltos de la serpiente. "Tened buen ánimo-dice; - yo he vencido al mundo."Considere al Salvador en el desierto de la tentación todo aquel quelucha contra el poder del apetito. Véale en su agonía sobre la cruzcuando exclamó: "Sed tengo." El padeció todo lo que nos puede tocarsufrir. Su victoria es nuestra.Jesús confió en la sabiduría y fuerza de su Padre celestial. Declara:"Jehová el Señor me ayudará; por tanto no he sido abochornado; ... y séque no seré avergonzado.... He aquí que Jehová me ayudará." Llamando laatención a su propio ejemplo, él nos dice: "¿Quién hay de entre vosotrosque teme a Jehová, . . . que anda en tinieblas y no tiene luz? ¡Confíeen el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios!"*"Viene el príncipe de este mundo-dice Jesús;-mas no tiene nada en mí.'*No había en él nada que respondiera a los sofismas de Satanás. El noconsintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación.Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unidacon la divinidad. Fue hecho idóneo para el conflicto mediante la 99permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernosparticipantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con élpor la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros. Dios extiende sumano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de ladivinidad de Cristo, a fin de que nuestro carácter pueda alcanzar laperfección.Y Cristo nos ha mostrado cómo puede lograrse esto. ¿Por medio de quévenció él en el conflicto con Satanás? -Por la Palabra de Dios. Sólo pormedio de la Palabra pudo resistir la tentación. "Escrito está," dijo. Ya nosotros "nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que porellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendohuido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia."Todapromesa de la Palabra de Dios nos pertenece. Hemos de vivir de "todapalabra que sale de la boca de Dios." Cuando nos veamos asaltados porlas tentaciones, no miremos las circunstancias o nuestra debilidad, sinoel poder de la Palabra. Toda su fuerza es nuestra. "En mi corazón heguardado tus dichos-dice el salmista,-para no pecar contra ti." "Por lapalabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor."*100
CAPÍTULO 13 La Victoria
"ENTONCES el diablo le pasa a la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo, y le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por ti, y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces con tu pie en piedra." Satanás supone ahora que ha hecho frente a Jesús en su propio terreno. El astuto enemigo le presenta palabras procedentes de la boca de Dios. Se da todavía por un ángel de luz y evidencia conocer las Escrituras y comprender su significado. Como Jesús empleó antes la Palabra de Dios para sostener su fe, el tentador la usa ahora para apoyar su engaño. Pretende haber estado tan sólo probando la fidelidad de Jesús, y elogia su firmeza. Como el Salvador había manifestado confianza en Dios, Satanás le insta a dar otra prueba de su fe. Pero otra vez la tentación va precedida de la insinuación de desconfianza: "Si eres Hijo de Dios." Cristo se sintió tentado a contestar al "si;" pero se abstuvo de la menor aceptación de la duda; No podía hacer peligrar su vida a fin de dar pruebas a Satanás. El tentador pensaba aprovechar de la humanidad de Cristo e incitarle a la presunción. Pero aunque Satanás puede instar, no puede obligar a pecar. Dijo, pues, a Jesús: "Échate abajo," sabiendo que no podía arrojarle, porque Dios se interpondría para librarle. Ni podía Satanás obligar a Jesús a arrojarse. A menos que Cristo cediese a la tentación, no podía ser vencido. Ni aun todo el poder de la tierra o del infierno podía obligarle a apartarse en un ápice de la voluntad de su Padre. El tentador no puede nunca obligarnos a hacer lo malo. No puede dominar nuestra mente, a menos que la entreguemos a su dirección. La voluntad debe consentir y la fe abandonar su confianza en Cristo, antes que Satanás pueda ejercer su poder sobre nosotros. Pero todo deseo pecaminoso que acariciamos le 101 da un punto de apoyo. Todo detalle en que dejamos de alcanzar la norma divina es una puerta abierta por la cual él puede entrar para tentarnos y destruirnos. Y todo fracaso o derrota de nuestra parte le da ocasión de vituperar a Cristo. Cuando Satanás citó la promesa: "A sus ángeles mandará por ti," omitió las palabras: "que te guarden en todos tus caminos;" es decir, en todos los caminos que Dios haya elegido. Jesús se negó a salir de la senda de la obediencia. Aunque manifestaba perfecta confianza en su Padre, no quería colocarse, sin que le fuera ordenado, en una posición que justificase la intervención de su Padre para salvarle de la muerte. No quería obligar a la Providencia a acudir en su auxilio, y dejar de dar al hombre un ejemplo de confianza y sumisión. Jesús declaró a Satanás: "Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios." Estas palabras fueron dirigidas por Moisés a los hijos de Israel cuando tenían sed en el desierto, y exigieron que Moisés les diese agua, exclamando: "¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?'* Dios había obrado maravillosamente en favor suyo; sin embargo, al verse en dificultades, dudaron de él, y exigieron pruebas de que estaba con ellos. En su incredulidad, trataron de probarle. Satanás instaba a Cristo a hacer lo mismo. Dios había testificado ya de que Jesús era su Hijo; y ahora pedir pruebas de que era el Hijo de Dios era dudar de la Palabra de Dios, era tentarle. Y se podía hacer lo mismo al pedir lo que Dios no había prometido. Era manifestar desconfianza; en realidad, tentarle. No debemos presentar nuestras peticiones a Dios para probar si cumplirá su palabra, sino porque él la cumplirá; no para probar que nos ama, sino porque él nos ama. "Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan."* Pero la fe no va en ningún sentido unida a la presunción. Sólo el que tenga verdadera fe se halla seguro contra la presunción. Porque la presunción es la falsificación satánica de la fe. La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce la obediencia. La presunción también se aferra a las promesas, pero las usa como Satanás, para disculpar la transgresión. La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios, y a obedecer sus mandamientos. La presunción 102 los indujo a transgredir su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado. No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir las condiciones bajo las cuales se concede una merced. La fe verdadera tiene su fundamento en las promesas y provisiones de las Escrituras. Muchas veces, cuando Satanás no logra excitar la desconfianza, nos induce a la presunción. Si puede hacernos entrar innecesariamente en el camino de la tentación, sabe que la victoria es suya. Dios guardará a todos los que anden en la senda de la obediencia; pero el apartarse de ella es aventurarse en terreno de Satanás. Allí, lo seguro es que caeremos. El Salvador nos ha ordenado: "Velad y orad, para que no entréis en tentación."* La meditación y la oración nos impedirían precipitarnos, sin orden alguna, al peligro, y así nos ahorraríamos muchas derrotas. Sin embargo, no deberíamos desanimarnos cuando nos asalta la tentación. Muchas veces, al encontrarnos en situación penosa, dudamos de que el Espíritu de Dios nos haya estado guiando. Pero fue la dirección del Espíritu la que llevó a Jesús al desierto, para ser tentado por Satanás. Cuando Dios nos somete a una prueba, tiene un fin que lograr para nuestro bien. Jesús no confió presuntuosamente en las promesas de Dios yendo a la tentación sin recibir la orden, ni se entregó a la desesperación cuando la tentación le sobrevino. Ni debemos hacerlo nosotros. "Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar." El dice: "Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás."* Jesús salió victorioso de la segunda tentación, y luego Satanás se le manifestó en su verdadero carácter. Pero no se le apareció como un odioso monstruo, de pezuñas hendidas y alas de murciélago. Era un poderoso ángel, aunque caído. Se declaró jefe de la rebelión y dios de este mundo. Colocando a Jesús sobre una alta montaña, hizo desfilar delante de él, en vista panorámica, todos los reinos del mundo en toda su gloria. La luz del sol hería ciudades llenas de templos, palacios de mármol, campos feraces y viñedos cargados 103 de frutos. Los rastros del mal estaban ocultos. Los ojos de Jesús, hasta poco tiempo antes afectados por una visión de lobreguez y desolación, contemplaban ahora una escena de insuperable belleza y prosperidad. Entonces se oyó la voz del tentador: "A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí es entregada, y a quien quiero la doy: pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos." La misión de Cristo podía cumplirse únicamente por medio de padecimientos. Le esperaba una vida de tristeza, penurias y conflicto, y una muerte ignominiosa. Debía llevar los pecados del mundo entero. Debía soportar la separación del amor de su Padre. El tentador le ofrecía la entrega del poder que había usurpado. Cristo podía librarse del espantoso porvenir reconociendo la supremacía de Satanás. Pero hacerlo hubiera sido renunciar a la victoria del gran conflicto. Tratando de ensalzarse por encima del Hijo de Dios, era como Satanás había pecado en el cielo. Si prevaleciese ahora, significaría el triunfo de la rebelión. Cuando Satanás declaró a Cristo: El reino y la gloria del mundo me son entregados, y a quien quiero los doy, dijo algo que era verdad solamente en parte; y lo dijo con fines de engaño. El dominio que ejercía Satanás era el que había arrebatado a Adán, pero Adán era vicegerente del Creador. El suyo no era un dominio independiente. La tierra es de Dios, y él ha confiado todas las cosas a su Hijo. Adán había de reinar sujeto a Cristo. Cuando Adán entregó su soberanía en las manos de Satanás, Cristo continuó siendo aún el Rey legítimo. Por esto el Señor había dicho al rey Nabucodonosor: "El Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y . . . a quien él quiere lo da."* Satanás puede ejercer su usurpada autoridad únicamente en la medida en que Dios lo permite. Cuando el tentador ofreció a Cristo el reino y la gloria del mundo, se propuso que Cristo renunciase al verdadero reino del mundo y ejerciese el dominio sujeto a Satanás. Tal era la clase de dominio en que se cifraban las esperanzas de los judíos. Deseaban el reino de este mundo. Si Cristo hubiese consentido en ofrecerles semejante reino, le habrían recibido gustosamente. Pero la maldición del pecado, con toda su desgracia, pesaba sobre él. Cristo declaró al tentador: "Vete, 104 Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás." El que se había rebelado en el cielo ofreció a Cristo los reinos de este mundo para comprar su homenaje a los principios del mal; pero Cristo no quiso venderse; había venido para establecer un reino de justicia, y no quería abandonar sus propósitos. Satanás se acerca a los hombres con la misma tentación, y tiene más éxito con ellos. Les ofrece el reino de este mundo a condición de que reconozcan su supremacía. Demanda que sacrifiquen su integridad, desprecien la conciencia, satisfagan su egoísmo. Cristo los invita a buscar primero el reino de Dios y su justicia; pero Satanás anda a su lado y les dice: Cualquiera sea la verdad acerca de la vida eterna, para tener éxito en este mundo, debéis servirme. Tengo vuestro bienestar en mis manos. Puedo daros riquezas, placeres, honores y felicidad. Oíd mi consejo. No os dejéis arrastrar por nociones caprichosas de honradez o abnegación. Yo os prepararé el camino. Y así multitudes son engañadas. Consienten en vivir para servirse a sí mismas, y Satanás queda satisfecho. Al par que las seduce con la esperanza del dominio mundanal, conquista el dominio del alma. Pero él ofrece lo que no puede otorgar, lo que pronto se le quitará. En pago, las despoja de su derecho a la herencia de los hijos de Dios. Satanás había puesto en duda que Jesús fuese el Hijo de Dios. En su sumaria despedida tuvo una prueba que no podía contradecir. La divinidad fulguró a través de la humanidad doliente. Satanás no tuvo poder para resistir la orden. Retorciéndose de humillación e ira, se vio obligado a retirarse de la presencia del Redentor del mundo. La victoria de Cristo fue tan completa como lo había sido el fracaso de Adán. Así podemos nosotros resistir la tentación y obligar a Satanás a alejarse. Jesús venció por la sumisión a Dios y la fe en él, y mediante el apóstol nos dice: "Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá. Allegaos a Dios, y él se allegará a vosotros."* No podemos salvarnos a nosotros mismos del poder del tentador; él venció a la humanidad, y cuando nosotros tratamos de resistirle con nuestra propia fuerza caemos víctimas de sus designios; pero "torre fuerte es el nombre de Jehová: a él correrá el justo, y será levantado." * 105 Satanás tiembla y huye delante del alma más débil que busca refugio en ese nombre poderoso. Después que el enemigo hubo huido, Jesús cayó exhausto al suelo, con la palidez de la muerte en el rostro. Los ángeles del cielo habían contemplado el conflicto, mirando a su amado General mientras pasaba por indecibles sufrimientos para preparar una vía de escape para nosotros. Había soportado la prueba, una prueba mayor que cualquiera que podamos ser llamados a soportar. Los ángeles sirvieron entonces al Hijo de Dios, mientras estaba postrado como moribundo. Fue fortalecido con alimentos y consolado por un mensaje del amor de su Padre, así como por la seguridad de que todo el cielo había triunfado en su victoria. Reanimándose, su gran corazón se hinchió de simpatía por el hombre y salió para completar la obra que había empezado, para no descansar hasta que el enemigo estuviese vencido y redimida nuestra especie caída. Nunca podrá comprenderse el costo de nuestra redención hasta que los redimidos estén con el Redentor delante del trono de Dios. Entonces, al percibir de repente nuestros sentidos arrobados las glorias de la patria eterna, recordaremos que Jesús dejó todo esto por nosotros, que no sólo se desterró de las cortes celestiales, sino que por nosotros corrió el riesgo de fracasar y de perderse eternamente. Entonces arrojaremos nuestras coronas a sus pies, y elevaremos este canto: "¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!" DESEADO DE TODAS LAS GENTES.


























